Lionel Messi lleva jugados 45 partidos en la Selección Mayor y todavía seguimos esperando que se pegue en la frente el as de espadas que tiene guardado en algún lado.
Y lo más notable es que casi nadie duda de que eso va a ocurrir en algún momento.
Es raro lo que pasa con Messi en la Selección. Ya son cinco años con la celeste y blanca y sobran los dedos de una mano para contar los partidos muy buenos que ha protagonizado.
Cien cuestiones posibles se han planteado al respecto: que la incompatibilidad con Riquelme, que los bajitos de adelante, que el equipo no juega para él, que no lo abastecen … y la mar en coche. En el mismo coche.
Y hasta ahora ningún martillo acertó en ese clavo.
Podríamos pensar que esto es lo que hay y conformarnos, pero no es aceptable, porque dicen que es el mejor jugador del mundo y alguna vez tendrá que aparecer en su esplendor.
Lo hace constantemente con una camiseta pesada como la del Barça, lo hizo en el Mundial juvenil con la celeste y blanca, la misma que se pone ahora, con el mismo escudito.
Volvemos al quid de la cuestión. ¿Por qué no aparece la magia en el seleccionado?
De algo estoy seguro: no hay un solo motivo, es un cocktail.
Y tal vez el “hielito” de ese cocktail pueda ser esta modesta explicación: Messi es el único jugador de la historia de nuestro fútbol que es estrella de la selección sin haber jugado ni un partido oficial por el torneo argentino. ¿No habrá ahí una falta de identificación inconsciente?
Lionel nunca sintió ese cosquilleo de jugar en el torneo argentino, no experimentó esa presión, no se curtió en las miserias de nuestros campeonatos, ni tocó esa gloria mezclada con barro que tanto marca.
Desde chico él vivió en Barcelona y allí es el único lugar donde ha llorado, donde ha gozado y donde ha jugado.
Que nadie entienda que esto intenta explicar algo, es sólo un dato más.
Punto.
Ahora, lo último que quiero decir.
No le hace bien, ni a él ni a nadie, esa protección enfática que se hace sobre Messi desde algunos sectores.
Las reglas de juego dicen que al que más sabe, más se le pide.
Al que es mejor, se lo mide con una vara acorde a su altura.
Al que más se le paga, más se le exige.
Y Messi no debe ser la excepción.
Si alguna vez Borges hubiese escrito “las olas y el viento, zucundún, zucundún” el mundo entero le hubiese exigido que se colocase a la altura de su genio y de su talento como escritor.
Y a Messi, por lo que es, por lo que representa, debemos pedirle que un día escriba “El Aleph”, otro día “El Libro de Arena” y otro día “Ficciones”.
Por una sencilla y tajante razón: él puede hacerlo. |